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sábado, 12 de noviembre de 2011

"The butterfly circus"


Tersas las manos que pusieron a la vida de alas rotas a la vista. Acaricié la curiosidad con la yema de los dedos y vi que detrás de ese tupido velo negro se escondía una frágil mariposa.
Por fuera, podía confundirse con el cielo del anochecer pero una vez abiertas sus alas, era mágica.
Estremecí mi cuerpo ante su belleza. Ansiaba acariciarla, pero no lo hice, ni lo haré. Nunca acariciaré a una mariposa, ya que es efímera entre mis manos. Ante ella, siento el verdadero afán de destrucción innato del ser humano. Entre mis dedos, se consume, es polvo de estrella. Por ello, no quise ensuciarme las manos con la fecha de la muerte de ese ser vivo, admirado por mis ojos. Sé que tu quietud significaba que rozabas las últimas gotas de vida. El tarro de cristal que engulle en tiempo. Al encerrarte en dicho tarro, sentí la necesidad inmediata de crear tu salida de escape. El resquicio que no todos optan. Abrí la cerradura metálica y fuiste libre, quizá por segundos, pero lo fuiste. La naturaleza te da las alas de la libertad y además de ello te otorga la maravilla de embelesarnos (por lo menos a mi) con la pureza de tus colores.
Describirte puedo cual bailarina y a la vez soldado. Frágil, fuerte, bella e invencible. Puedo incluso añadir, que eres aquello que hace brillar mis ojos y si me das un poco de tu tiempo, puedo llorar.
Duermes en mi libro predilecto, en la página predilecta del libro (mi libro) predilecto. En la cual se entrega la llave de la luna. La llave que yo te entrego es de la libertad, pero mi imaginación sabe que luna es libertad. Dicho esto, eres libre como la luna y en ella. El efecto mariposa pone patas arriba el universo; lo hiciste conmigo. Boquiabierta ante la dulzura de tus alas y la efímera vida que te corroe, e de decir que eres increíble. Aún conservo, polvo de tu cuerpo impregnado en el libro... pero tengo la sensación de que una parte de mi, se fue contigo...


viernes, 11 de noviembre de 2011

Labyrinth lullaby

Un atardecer lluvioso y más gélido que el anterior.
Escucho voces, exactamente podría arriesgarme a describir el sonido de esa voz en especial.
Es una niña, tarareando una nana, pero no consigo adivinar el nombre, ni si quiera la melodía me hace recordar.
La lluvia repiquetea mi cristal por un momento y aún creo estar en mi castillo, encima de las nubes, cruzas la puerta de cristal, al fondo, al fondo, al fondo... y justo ahí. Cuando atisbes el final de la imaginación. Siento recordarte y decepcionarte de la inexistencia del fin. Tornan los espejos, dando en su reflejo un laberinto. Y estoy más perdida que la última vez que me encontré.
Creo en la sensación de que su voz es mi salida, pero dudo de una vil trampa causada por lo que algunos llaman "estupidez humana" (una persona en concreto, definió sus no límites).
Y ahora es el momento de carne y hueso en el que digo:
- Quizá sea una trampa seguir su voz.
- O quizá la trampa sea no seguirla.

Lo peor, es que no se presenten la espada y la pared, sean vida o muerte. Un duelo en el que no existe más arma blanca que aquello que sostiene tu cuello. Estoy segura de que una vez lo que mis manos crearon, son capaces de destruirlo. Mi tercera opción o alternativa, llámala como desees. A esto en concreto lo llamaríais Cobardía yo le denomino "salvar el pescuezo".
Una vez acabada la destrucción, regresa el cuerpo a Gea. Y allí, aquí, mis pies pisan sobre firme, aunque en ocasiones dude de tal frase hecha.
Un té cálido un contraste entre mis frías manos. Pestañas que vuelan en un abrir y cerrar de ojos. Oh, dulce realidad.

martes, 8 de noviembre de 2011

Huí por los adoquines de las oscuras calles de Tarbean.
Pero llegué a un resquicio de conclusión, si quería alcanzar la luna debería surcar las alturas.
Subí a un tejado y recordé, que un gato, jamás será con botas, por ello puse mis pies descalzos entre las tejas y sentí la humedad de las mismas cerniéndose por la piel. Deambulé por los tejados hasta que decidí sentarme al borde de uno; contemplar desde privilegiada perspectiva esa palidez grisácea, aquella belleza que no es de este mundo. Y recordé a quién le otorgué la dichosa palabra (al contrario que la luna, juro que era de este mundo, aunque en ocasiones lo dudara).
Dicen las lenguas que las sardinas son buenas para el corazón... tal acusación debería ser digna de una retractación. Pero nadie vendrá con las manos puras a arrebatar cada espina del maldito corazón. Existen seres peores que las ratas, estas temen mi presencia por ello se escurren entre las mugrientas alcantarillas de los callejones olvidados y esos seres, los peores, esperan una pizca de debilidad para acariciarme los hombros, con una sola mano; la otra esta ocupada por la presencia afilada de la daga.

El pelo cruza mis ojos (tan rojizo como siempre), me distrae un momento de la razón. Pero ágil como sé que y quién soy, lo retiro para proseguir...

Solo dejaré que sonsaque mis espinas quién las clavó, llamadme lo que queráis. Pues mis oídos usarán el ignorar. Sé que es ella, mi luna, la belleza de este mundo que a veces dudo.
Aquí te espero, en la cima del tejado y corazón, esperando la débil salvación.

lunes, 7 de noviembre de 2011

viernes, 4 de noviembre de 2011

Otoño en la piel:



Sentir el crepitar de la madera bajo mis pies. Pues me encuentro en un bosque, un bosque de marrones, rojos, amarillos y verdes.
Por suerte, el sol no tiene la tentación de buscar un resquicio para cegarme mis ojos, hoy es un día gris, lleno de mis nubes.
Aferro con la punta de los dedos las mangas del abrigo, encojo los hombros y bailo los brazos. Sin compás, sin música, sin estética, los pasos son dictados por la imaginación. Quizá me base en el viento y su naturalidad cuando cosquillea a las hojas; quizá sea viento y mis brazos hojas.
Escucho como rompen las nubes. Y el repiqueteo de la lluvia en mis mejillas, tengo la sensación de que mis párpados son cascadas y de que mis pestañas son el impulso a la velocidad.
Sonrío hasta formar unas dulces comisuras, después mis labios húmedos se entreabren. Y la locura y felicidad salen de la misma jaula, dando paso a su liberación.
Corro, como si supiera a dónde me van a llevar mis pasos. Como si buscara un destino; o él me encontrara a mi... sin rumbo y sin más brújula que mi catastrófico decimonoveno sentido de la orientación.
Exhausta, agotada, sedienta, húmeda y sonriente, me desplomo en el suelo, como el caer de una pluma del cielo, pero esta vez con una pizca de brusquedad. Aprisiono entre mis dedos la tierra empapada y percibo la fuerza a la que una vez llamaron Gea. Suelto el pedazo de tierra y estiro los brazos, como si de un ángel me tratara. Segundos más tarde una mota de "algo" entra en mis ojos, restriego mis nudillos contra los ojos y el dolor se esfuma, he creado magia.
Es mentira, mágico es el momento en el que yo salgo de mi propio cuerpo, cerrando los ojos, cojo el vuelo con mis alas al que llaman el mundo de los sueños. Allí todo es perfecto, puedo describir y escribir el Otoño en las paredes y tachar al igual que un carcelero los pocos días que quedan para mi añorado Invierno. Presa de mi presencia en el tiempo.

Solo sé que desperté en un bosque, mi bosque. Creo recordar que todo era... "mío".