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miércoles, 26 de marzo de 2014

Vida, sueño muriendo;
Sueño la vida mientras muero y el sueño le vivo mientras no sé si estoy viviendo. 
- Disculpeme, ¿eso quiere también decir que sueño mientras sigo muriendo? 
Nacemos muriendo pero, ¿la vida es o no es un sueño? Entonces, ¿vivir o morir viviendo?, ya la vida sea o no un sueño, ¿y si es un sueño? Igual muriendo despertemos. 

domingo, 9 de marzo de 2014

RAVEN'S HYMNAL

Abriéronse las puertas del cielo en el óbito crepuscular y un hombre de plumaje negro, aquel hombre, atreviose a cruzar.
Larga nariz tenía y brillaban más sus ojos que las estrellas pacientes en un cielo azul oscuro casi negro. Sus pisadas se enredaban con el susurro del viento entre el mármol y las almas de los muertos. Así se alzaba el cementerio, en una colina donde la soledad y el sueño serían eternos. Silbaba pues el hombre, el himno de los cuervos y entonces aquel lugar, se llenó de ellos. Su sombra de córvido majestuoso hacía a la vida temer, aguardando con recelo fuera de las puertas del cielo. No se detuvo a observar a algún necrófago manjar, prosiguió su destino, con los ojos negros perdidos perdidos en el vacío existencial. El hombre giró a la izquierda y por fin, se detuvo.
En la luz consumiéndose podíamos observar lo que él en silencio sus pupilas miraban y no siendo capaz de aún averiguar el nombre, pude ver un epitafio que decía así:

¿A qué temen los cuervos? A amar

Meros entonadores de un futuro réquiem temiendo amar.
Los cuervos viven y cuando aman saben cuándo llegará muerte, miran al amor de su vida y creen que aun acertando siempre, por una vez se equivocarán y sí, están equivocados si piensan que podrán engañarse a sí mismos, a la propia muerte. E aquí un cuervo enamorado de los restos de lo que un día fue su amor, con la vana esperanza de que tras esa lápida aún palpite un corazón, aún se pueda ver en el pecho la respiración. Su pico rompería el mármol en mil pedazos y sería la llave del ataud, sin duda al abrirlo se quedaría esperando, paciente como quien espera eternamente, hasta el día en el que los ojos sin vida volvieran a abrirse. Los sabios secos pronunciarían las palabras más bellas y habiendo olvidado a utilizar el cuerpo, el cuervo se abrazaría a las costillas de quién amó, ayudándole a erguirse en la vida que piensa que no acabó. Pero en vez de semejante acto, sólo se digna a observar, a clavar el reflejo del alma más allá de un nombre y un epitafio.

El hombre alzó su ala y la posó sobre su pecho y aquella vez, no latió el corazón

El silencio de los cuervos ahogaba el lar. El hombre notó su presencia enjaulada, caviló unos instantes hasta que llegó a la conclusión de que era la hora. Era el momento en el que el cuervo anuncia su muerte, cuando su mester debería ser anunciar la muerte de cualquier inocente.
Su plumaje iba desnudando su piel, cayendo con letargo al suelo, donde hace años pisaba él, con el reloj de la vida acabando de florecer. Se dejó morir, entonces el réquiem de los cuervos sembró la noche no sólo en el cielo, si no en la faz del mundo entero. En la desnudez del cuervo hallóse la piel nívea siendo símbolo del vacío de aquel cuerpo. Todos los ojos se clavaron en el cielo, y la luz enmudeció al silencio.

Ha muerto el cuervo, ha muerto el hombre, ha muerto su temor a amar viviendo.  

viernes, 7 de marzo de 2014

Instrucciones conciliar el sueño

Paso número 1:

- Déjate llevar.

OSCURIDAD

Miraba el tragaluz, acostada en la cama y cuánto más miraba el cielo tras el cristal, más temía que se cayera. Cualquiera dudaría de la cordura que no me acompaña, pero yo realmente lo he creído. Cuántas veces he creído en algo que ni yo misma creería si probablemente fuera tan normal de no pensar en nada. Pero me hice así, un poco más grande que la medida de la vida, por si algún día ésta quería ahogarme ser capaz de saber nadar.
Esta madrugada abrí los ojos en un mundo con una tonalidad grisácea, no estaba segura de si esta era la realidad pero como nunca estoy segura de ello, caminé. Dejé la cama tras de mi, y me volví, pues juraría haberme visto acostada.
Vivo en un lugar donde la madera ruge, pero estoy sola. Aunque oiga pasos, sé que no es más que el viento que juega, o eso me obligaron a creer de pequeña para poder conciliar el sueño. Bajé las escaleras, mientras mi mano se deslizaba por la barandilla, era algo que me tranquilizaba por dentro, una costumbre que con el tiempo se había hecho una manía agradable. Una brisa heladora me retuvo antes de bajar el último peldaño, y algo se aproximó a mi nuca. Me quedé paralizada por la incertidumbre, giré lentamente la cabeza y no vi absolutamente nada que no hubiera visto antes, mi hogar. Me acaricié la frente, cerré los ojos y coloqué el pelo detrás de la oreja, acto seguido deshice la acción. Fui a la cocina, a beber un vaso de agua, quizá aún seguía adormilada, un buen vaso de agua fría me devolvería a mi ser. Me pasaría la vida escuchando el sonido del agua contra el cristal, era la armonía que incluso podía imaginar barcos surcando los océanos, sirenas cantando y monstruos marinos jamás vistos, el agua se deslizaba por mi garganta cuando de pronto el peso de una mano me apretó con fiereza. El cristal se hizo mil pedazos en el suelo y por un momento no sentí ni que mi piel era mía, quería concentrarme por oír, por saber, pero sólo se escuchaba mi corazón haciendo eco en cada rincón. Las manos me temblaban y no sabía cómo reaccionar, no sabía ni qué pensar. Me quedé quieta y seguro que  mi palidez era la que iluminaba allí donde me encontraba, tenía tanto miedo a la ignorancia de lo qué ocurría que no moví un músculo. Entonces de reojo, vi a alguien en el espejo, quieta. Un sudor frío comenzó a punzar cada vértebra y mi respiración apenas existía, estaba cerca del pánico. Giré la cabeza, otra vez, y me acerqué al espejo, con sigilo, creo que me transformé en gato. Era un gato. Había alguien en el espejo. Entonces me puse enfrente de él, me miré el rostro y busqué mis ojos. Empecé a jadear, no tenía ojos, empecé a no poder respirar. ¿Cómo puedo verme y no ver mis ojos? ¡¿CÓMO?! Entonces las oscuridad tendió las manos, grité tan algo que el cielo se cayó, rompiendo todas las ventanas, todas las puertas, toda la casa. El espejo me cortó la garganta, las mejillas y la zona de las costillas y huí como un animal que sabe que su muerte esta en las manos del cazador. Era presa del pánico.
Subí corriendo a mi habitación mientras las escaleras caían tras de mi. Se ha caído el cielo. Cerré la puerta y esta se quebró, la miré sin ver nada y alguien llamó a la puerta, sin voz alguna. Me arrinconé contra la pared, y vi un cadáver en mi cama. No podía gritar, no podía sentir, no podía saber qué era dolor porque no sentía. Tampoco sabía qué hacer, porque no era yo. Pero el cadáver era nítido, el cadáver era lo único que veía, porque era yo. Yo era yo y el cadáver era yo, entonces la cordura acabó transformándose en supervivencia y en el monstruo que habitaba en mi. Sería capaz de arrancar el corazón a aquel que intentara acabar con mi vida, ¿pero qué demonios me pasaba? ¿cómo era capaz de ser así? ¿quién era yo? y ¿quién era él? Apreté mi cadáver, lo zarandeé pero mis manos no tocaban porque era como si fuese etérea.
Entonces la oscuridad alzó sus brazos, me retuvo en su pecho y después de verme muerta, comprendí. No había vivido nada de lo ocurrido, o no en la vida real. Era sonámbula con el don de verme dormida y pensar que estaba muerta. Pero hubo algo que jamás se me olvidará, pues la oscuridad me tendió los ojos, porque realmente no había visto nada, porque todo estaba en mi mente y no hay mayor temor que lo que se esconde dentro de nosotros.

domingo, 2 de marzo de 2014

Destino: ________________________ , poesía para mi abuela

Dime cuál es el destino de esta carta que te escribo:

Camisón violeta para mi bella dama, en un lecho de seda con las manos heladas.
Juraría por mi vida que una vez te vi las alas, mientras en el sueño eterno
rozabas mi alma, y esta cayéndose al suelo, rogó por favor el reino de los cielos.
Casi mediodía cuando el reloj que tenemos por vida dejó sus agujas tras de sí.
Mi corazón rugió tan fuerte que se quebró el cielo e incluso el sol se echó a llorar.

La mujer que amó a lo que yo más he amado.
La mujer que dio la vida a la que me dio la mía.
Cuánto te he querido y cuánto te querré.
Cuánto amor te guardo donde nadie lo pueda ver.

Fue la mujer que guardó el tiempo en álbumes y cajas de cartón, en cartas y
en su corazón.
Guardé tu recuerdo en mi memoria, pero dejé la jaula abierta para que vieras
todo aquello que tenía para ti, pues pensé en tus sueños y creé un mundo soñador.
Donde volábamos a un amanecer en un desierto de cañones, y cuando te imaginé
viviendo aquello que tú viviste, pensé que nunca había visto realmente tus ojos,
pues como esa vez jamás los vi.

Recé al cielo sin creer en Dios, porque necesitaba 
la certeza de un destino, por si acaso mis palabras 
llegaban a tus oídos.
Tiene que haber un reino para mi bella dama.

- Mi tesoro...

miércoles, 12 de febrero de 2014

La casa del mar

Alzábanse las olas por los cristales de la casa del mar,
las gaviotas perdiendo plumas alejábanse de su hogar.
¿Qué hogar, mi fiel marinero? Si el mar no tiene dueño.
Su tempestad lejana recuerdase a un soñador sin sueño.
Ni  los preámbulos del sol durmiente capaces serían,
ni tan siquiera la Odisea y su canto de sirenas lo harían.
Pues bravo y vacío de sentimiento y de sentido, era,
necesitábase un alma que en su profundidad cupiera,
tan etérea que su luz interna incapaz se viera de alumbrar,
a barcos hundidos cual destino era una brújula de mar.

Precipitábase un marinero por las puerta del lar
un cuerpo quizá sin vida hundiéndose en los fines del mar.
No hay alma que valga la pena para salvar, pues escuchad
si os reviviría, devolviendo a tierra, mi nombre sería piedad.
Y carezco de tal nombre pues solo os siento sin vida
en el fondo de la mía, allá dónde poso mis pies y erguida
algunos dicen que soy imprescindible en vuestras vidas
y vosotros ¿qué sois? Acaso viviríais sin vuestras almas,
permitidme que lo dude, pues en ese caso ignoro presencia
porque queréis y osáis vivir con lujos sin la propia esencia.

Los pilares de la tierra tienen un fin al final de mi razón
y cada vez que el mundo os teme, me rompe el corazón,
pues acaso marinero ¿puede estar tu vida más hundida que yo?
y tú que buscabas tierra firme estando a mi merced, y yo 
te mostré que no toda la tierra firme se encuentra bajo tus pies.