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martes, 25 de noviembre de 2014

Ego, viejo loco de mar

He naufragado en tus clavículas, ya soy un viejo loco del mar. Pídemelo que levaría otra vez anclas a tu merced. Quiero que me susurres con tu voz, una poesía con sabor a sal, sé que me volveré a enamorar. 
Perdí la cordura hace quince días, rómpeme el corazón de madera, de astillas mi garganta y mis recuerdos atrofiados por la humedad. La que se respira aquí, ven. Quédate conmigo una noche en mi alta mar, si tienes sed bebe de mis lágrimas y si tienes hambre, muérdeme los pulmones. Yo ya, no siento nada. Sólo me oigo levemente respirar, y aún así me ahogo en tus manos. 
Qué le voy a hacer si ya no se hace de día, me he quedado ciego. Cuando la brisa juega con el tiempo, creo que me enredas y te enredo, con nuestro nudo marinero. Y me ato a tu costado izquierdo, y yo sé que te pierdo. No obstante, prefiero soñar, es que eres un sueño. 
Mis ojeras del color del mar, yo sé que es tuyo, pese al cielo de la envidia. ¿Qué era el rumbo? qué hipocresía. 

Sinceramente sólo quiero ser una gota más. La única capaz de desatar la calma y la tempestad. Pero sólo soy una pintora que, en fin, escribe poesía. 






martes, 18 de noviembre de 2014

Ego gótico inglés

No olía a leña nada más cruzar el umbral de la desdicha, ni tan siquiera la chimenea estaba encendida. No obstante, desde hace casi un año -y digo casi, con el corazón lloviendo-, era reconocible el olor a hueso calcinado por el tiempo -como el olor de un libro de autor muerto, huele literalmente a soledad- . Su dulzor no impregnaba el vaivén de los pulmones y la televisión, no se estaba viendo sin ser vista.
El sofá vacío y su voz, qué exquisita voz, durmiente aún.
Ego, sin embargo recuerdo, cuando se pintaba los labios de color amor, y me besaba las mejillas. Juro que por estas fechas odiaba el carmín de mis mejillas y ahora, -aunque pueda parecer hipócrita- lo echo en falta.

Su no voz, su no calor, su no fotografía, su no amor, todo su ahora es no. Este nuestro -no- invierno y esta nuestra -no- Navidad, voy a regalarte la rosa blanca más hermosa y pintaré sus labios del color que tú pintabas mis mejillas.
¿Por qué todos me esperan? Me esperan, y se van.


Ego Iinvierno, soy como el arte de un gótico inglés.


sábado, 25 de octubre de 2014

Ego, en escala de grises

Hoy el sol se colaba en mis pulmones y me hacía un poco más serena. No obstante, el cielo no iba conmigo. Soy un atardecer que duele. Y hiere, con la misma delicadeza que acaricia tu piel. 
Sólo quieres  que deje de brillar y llueva, pues lo haré. Y seré. Todo lo que no quieres que sea, y estaré ahí donde más te duela, y te juro que. En esta nuestra lluvia, me ahogaré contigo.

¡qué ingenua! creía que brillaba con luz propia, hasta que fui lluvia (y era fiel a mi creencia), y me salió un arco iris en escala de grises.




domingo, 12 de octubre de 2014

El bello arte de ser la Luna

Sumiso el delirio abraza, pero esta vez no de grandeza.
Sino tristeza que encharca, sus ojos de terciopelo, 
al son de un día de lluvia que, nunca duerme. 
No había quién amaneciera aquellas mañanas, 
ya no era el sol de mis días, era de noche para mi desdicha.
Pero peor aún era que yo, ego, no brillara con luz propia.
Es el bello arte de ser la Luna. 
Los gatos arañaban cada poro de mi piel y yo seguía siendo 
tan blanca como aquella noche, en la que tú, hacías que yo 
irradiara. 
No valían las mejores galas, ni un collar de perlas, ni absolutamente
nada. 
El espejo decía que no era la más bella de los cielos y quizá, 
de los mundos. 
¿Entonces yo qué era? Ya nada. Ni a sus ojos era bella. 
Y así un día, me dejé llovar por una nube más negra que mis 
pensamientos. Tan tétrica, que no pude evitar de enamorarme.
Yo era ingenua, fíjate que hasta pensaba ser la única en el Universo
y no lo era. 
A kilómetros se frenó, y yo, caí sin ella.
Me pregunto qué estarían diciendo mientras yo caía, lentamente.
Y después sólo sé que no lo recuerdo bien, pero, dejé de ser 
quien era. 
Ya no era luna ¿entonces qué? ahora no era. O tal vez sí, 
miré mi reflejo en un charco, cual espejo. 
Y era la soledad, esa yo era. ¿Y ahora qué? 

Ahora, la soledad no entiende de quienes, y estás
sola.

jueves, 25 de septiembre de 2014

Al morir el tiempo

Había llorado 15 lunas, desde entonces. Quién vuelve a ser el mismo cuando el corazón ya se ha ahogado una vez, y en ocasiones es costoso respirar debido al agua en sus pulmones, dime quién. El cielo era semejante a mi corazón, gris y con probabilidad de lluvia. Al fin y al cabo, no somos tan diferentes como creíamos, ¿verdad? Casi todos los días llovemos y rara vez nos brilla el sol, tenemos frío y ¿cómo abrigas el cielo? 
Pero ya no sólo es que llovemos, sino que hemos sufrido una metamorfosis exquisita, y es que ahora caemos lentamente porque somos lluvia. Yo soy la lluvia que hace que lo que un día de sol ves gris, al día siguiente sea un gris oscuro casi negro, pero no del todo. 
Soy quien cae desde lo más alto y se deja llevar, y qué hago yo si el viento me enamora, me endulza hasta besar el suelo y humedecer sus labios. 

Recostada en un sillón de la Inglaterra victoriana, mirando la calidez del vacío y durmiéndose mis pestañas, he de decir que. "Para el verdadero romántico el fondo lo es todo" y sí, porque amamos sufrir, amamos considerarnos ignorantes y no vivir en la ignorancia del ser, y lo que cualquiera en una palabra dice "dolor" nosotros, los poetas, lo escribimos en tantas palabras hasta morir nuestro tiempo.
Deberíamos llover más.

-dijo sencillamente, embriagada por el exquisito olor del café, como diría Oscar Wilde.